Mi paso por el chat

 

 

 

 

 

 

 

 

   Descubrí los chats hace unos diez años. Yo era una principiante en esto de internet y me gustaba explorar. Buscaba información sobre éste o aquél tema y de pronto un día descubrí una “ventanita” donde te decía que  tenías que poner un nick  (yo no sabía ni qué era eso) así que puse mi nombre verdadero a ver qué pasaba, y me decidí a investigar. 

 

   Entré en otra especie de “ventanita” con nombres (más bien raros) a la derecha de la misma. Esos nombres escribían en tiempo real, así que me acurruqué  y observé lo que allí se escribía. Se gastaban bromas, comentaban cosas más serias, decían piropos a las chicas…

 

   De vez en cuando entraba alguien nuevo y se saludaban: Hola, fulanito/a , ¿qué tal? ,  ¿de dónde eres? Y el susodicho/a respondía: Yo de Barcelona y ¿vosotros?. Uno decía, yo de Madrid, otro escribía, yo de Sevilla…Y todos iban diciendo su procedencia geográfica. Incluso los había de México, Argentina, Chile , etc.

Yo abría los ojos y me quedaba alucinada de lo que había descubierto, pero sin atreverme a teclear nada; supongo que por miedo a hacer el ridículo.  

 

   Volví a entrar al chat al día siguiente, y al otro, y al otro, y… bueno el caso es que me enganché a esa nueva forma de comunicación que se había abierto ante mí.

No voy a entrar en detalles, ni voy  a dar nombres ni nicks de las personas que durante los cinco siguientes años fueron mis compañeros/as de… llamémosle tertulias.

 

   Al principio, para mi el chat era como entrar en el espejo de Alicia, siiii Alicia la del país de la Maravillas, ¿os acordais?, pues esa misma. Nadie era lo que parecía, allí todos usaban una personalidad diferente a la propia, por eso utilizaban los nicks, algo semejante a las máscaras en carnaval, todos, menos yo, que continué con mi nombre real hasta el final. No sé por qué, pero no me apetecía llevar la citada máscara; era como estar dentro de un vestido que no era el mío, como que me costaba “dejar de ser yo”. Ufff lo de actriz no iba ni va conmigo. Pensaba: ¿por qué me voy a esconder detrás de una careta?. No caí en que si vas con la cara descubierta te las dan por todos lados, pero bueno, eso os lo cuento más abajo.

 

   Pues bien, yo entraba cada noche en el “espejo” y aunque iba sin disfraz, llegué a disfrutar mucho de mi estancia en el mencionado lugar. Conocí mucha gente, ya que pasaron por el chat cientos de personas; algunos/as muy interesantes. Y claro está, como en la vida real, tienes más sintonía con unas "personas" que con otras; así que tuve una relación más estrecha con un grupito de diez o doce personas.

 

   Compartí risas, llantos, confidencias, conversaciones enriquecedoras, frustraciones, anhelos, sueños, etc…Incluso llegué a ser la persona que buscaban para pedir consejo. Alguien me denominaba  "la psicóloga del chat", algo que me hacía mucha gracia.

 

   El problema de todo esto es que si no estás lo suficientemente centrado, llegas a confundir lo real con lo virtual, los deseos con la realidad, y eso puede generar un gran conflicto psicológico y un gran sufrimiento. No fue mi caso, pero sí me podía haber evitado ciertos momentos digamos…tristes, de no haberme implicado tanto, de no haber seguido viendo el chat como al principio, es decir: como un gran baile de máscaras. Error mío, lo reconozco.

 

   Hay quien denomina al chat, "LA GRAN MENTIRA", y seguramente está en lo cierto.

 

   Creí hacer entonces  verdaderas amistades con personas que me aseguraban ser sinceras y leales, tanto  que  me ilusioné con ellas y me lo creí; ¿cómo iba a pensar que todo era una falacia?, ¿cómo iba a creer que llevaban máscara como el resto? ¿cómo se me iba a pasar por la cabeza que gente con la que había compartido tanto, no sentía lo que decía y que mentía más que tecleaba?. Pues fue así, y me las dieron de todas formas y maneras.

Con algunas intercambie mi número de teléfono y a otras, las que sentí más cercanas, las llegué a conocer en vivo.   

 

   A final me di cuenta  que la mayoría me utilizaron, que yo sólo fui su paño de lágrimas en un momento en que sus vidas estaban completamente vacías, aburridas y carentes de estímulo.

 

   El tiempo fue pasando  y un  día nos llegó la noticia de que cerraban esa sala de chat. La gente estaba nerviosa y no sabía donde acudir para reunirse, así que todos se fueron desperdigando por otros chats, y el grupo homogéneo que era al principio, se deshizo. Para entonces yo ya estaba desencantada, no me divertía, y observaba actitudes en algunas personas que apreciaba, que no me gustaban, que no correspondían con lo que una vez me “vendieron”.

 

   Me llevé varias decepciones, quizá también por mi ingenuidad, por mi desconocimiento, credulidad… como queráis llamarlo, que me llevaron como siempre en mi vida, a darme demasiado. (que conste que sigo haciéndolo, pero eso sí, tomando precauciones).

 

   Bueno, el caso es que dejé definitivamente de chatear hace ya cuatro o cinco años. Al final me dejó un sabor de boca un tanto amargo el tema; pero ahora con la perspectiva que da el paso del tiempo, me quedo, con aquellos momentos iniciales antes de involucrarme emocionalmente, y también con un par de personas con las que aún mantengo una cierta relación virtual bastante esporádica (correo electrónico o msn). El resto quedó atrás .Y, claro está, toda experiencia deja poso y algunas preguntas en el aire:

 

¿Se deben tener expectativas con la gente que conoces en un chat?

¿Hasta que punto son sinceras las relaciones en un chat?

¿Cuánto puede durar una relación (amistosa o amorosa) con alguien que conoces en un chat?

¿Son relaciones con fecha de caducidad?

¿Por qué la gente miente tanto en el chat?,

 

Se podrían hacer muchas más preguntas, pero me temo que las respuestas también quedarían  en el aire.

 

   En resumen, que el chat tuvo su cometido en un momento determinado, que tuvo cosas buenas y no tan buenas. Fue un capítulo en mi vida, una experiencia más, y me apetecía contarlo en la  web. Eso sí, en forma de pincelada, como una anécdota más,  sin adentrarme en detalles, porque no vendría a cuento. Solo me queda por decir, que ojalá no hubiera bajado la guardia y lo hubiera visto en todo momento como un carnaval, pero por otra parte, (ya que el ser humano es pura contradicción) pienso que supuso una lección a aprender, una más como tantas otras que se nos presentan a lo largo de la vida y que nos hacen  crecer como personas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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