Me vas a echar de menos. Tal vez un día

cuando el paisaje tenga las hojas secas,

cuando en los campanarios estén dormidas

las guitarras que el viento tamborilea,

vas a volver diciendo que no querías

que los demás supieran de tus tristezas;

pero que al fin de cuentas, todo en la vida

es un inexorable reloj de arena.

 

Yo estaré muy distante, te lo aseguro.

Como el trigal, creciendo bajo los muros

de alguna tumba vieja, sin golondrinas.

¡Me vas a echar de menos! Y sólo entonces,

cuando empiece de veras tu larga noche,

sabrás lo que has perdido con mi partida.

 (Benjamín Morgado)